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El valor del «saber hacer»

El año 2020 fue el Año Internacional de la Sanidad Vegetal (AISV),  tiene como principal objetivo el conocimiento de las personas sobre la importancia de proteger la salud de las plantas y así tratar de prevenir la propagación de plagas y enfermedades de los vegetales. Desde Tinto Figuero nos sumamos a este compromiso y mantenemos un cultivo en secano, con tratamientos de caracter ecológico basados en la autosuficiencia de la planta. Para ello es imprescindible conocer los momentos por los que pasa la vid durante el año.

Poda, floración, cuajado, envero, vendimia. Cinco palabras que sintetizan el proceso del vino en el campo. Cinco palabras marcadas, de una manera u otra, por la madre naturaleza y que reciben, todas, la influencia de la mano del hombre. Y de su saber hacer. Cultivar es la palabra asociada, siempre, al ser humano. Y de su modo de hacer las cosas.

En FIGUERO cultivamos el viñedo de la forma más respetuosa posible con el medio ambiente y con el objetivo de obtener la mejor calidad de uva cada añada, como siempre lo hicieron nuestros antepasados. Para ello tenemos en cuenta la tipología de suelos que en la zona de La Horra son profundos por su origen sedimentario y ricos en arcilla, limo y arena, suelos con textura franca-arcillosa y franca-arenosa, generalmente pobres en materia orgánica y con una adecuada capacidad de retención de humedad en profundidad.

Gracias al paisaje de campiña de la zona de La Horra tenemos tres arroyos de Norte a Sur que desembocan en el río Duero y crean 3 valles de suaves pendientes con altitudes entre los 800 y 850 metros.  El viñedo si sitúa en las laderas con suaves ondulaciones 3-6 % lo cual nos facilita el drenaje y nos aporta diferencias en la maduración de la uva en función de las orientaciones, Norte, Este, Sur u Oeste del viñedo. Nuestra forma de cultivo es en secano, buscando sostenibilidad y el carácter de la tempranillo de La Horra. A lo largo del ciclo vegetativo, de forma natural, conseguiremos 300-400 litros de agua de lluvia. Suficiente por el lado de la calidad pero crítico en determinadas añadas, por eso tenemos que adaptar nuestra forma de cultivar mejorando las características del suelo y la salud de la planta.

Buscamos la sostenibilidad a través del suelo. Un suelo sano es un suelo vivo. Los organismos del suelo cumplen numerosas funciones vitales en el ecosistema del suelo, que tiene interacciones directas con los sistemas biológico, atmosférico e hidrológico. Son responsables de los ciclos de nutrientes, al regular la dinámica de la materia orgánica de los suelos, la retención de carbono por el suelo y las emisiones de gases de efecto invernadero; modifican la estructura física de los suelos y los regímenes hídricos, y refuerzan la salud de las plantas. En Figuero enterramos el material vegetal de la poda y utilizamos abonos orgánicos procedentes de estiércol.

Reforzando la salud de las plantas para proteger la vida. Nuestro saber hacer, como viticultores que somos, nos lleva a estar cada día mimando nuestras viñas, eliminamos las hierbas que compiten por la humedad y los nutrientes con un arado suave y en algunas parcelas con azada manual, utilizamos plantas que nos ayudan a mejorar la autodefensa de nuestras viñas  y nos permite  reducir al máximo el uso de cobre y azufre hasta límites permitidos en agricultura ecológica y biodinámica. Después de las labores de poda de enero, febrero y marzo hemos continuado con la poda en verde y, en estos días, estamos con la floración, dejando a la planta un momento de reposo. En el ciclo vegetativo llevamos 350 litros de lluvia y, hasta el momento, sin fenómenos meteorológicos adversos.

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